Mirad, esta es Elena en su máximo esplendor ochentero
El camino hasta el sitio este (me encantaría decir donde estaba, pero oye chico, ni me acuerdo...cerca de Ópera, creo) fue por así decirlo, peculiar. La gente que nos miraba dudaba entre si lo que veía era un grupito de buen rollito yendo a una fiesta de disfraces o algo así o una (re)colección de putas de las calles más oscuras de Madrid.
La noche siguió, nos riñeron por salir a fumar demasiado sin consumir dentro y ser escandalosos en la calle (estábamos muy metidos en nuestro papel de yonkis callejeros como para ser conscientes del volumen de nuestro jolgorio juvenil), pero nada pudieron hacer para evitar nuestro momento de efervescencia colectiva, hasta que a las 4 a.m cerraron las puertas del local y seguimos la fiesta dentro, super ilegales y malotes.Dentro había disfraces para todos los gustos y tipos de horterismo; desde zapatos muy jartos rosas (sólo encontré tres, así que aún sigo en el dilema de si era una tía con tres piernas o dos amigas y una coja...ojalá sea lo primero, que ídola)a otras mierdas y variedades como pelucas del maquinista del tren de la bruja. Hubo un momento en el que de repente todo el mundo empezó a despelotarse...ahí se veían tanto tetas femeninas enfundadas en los sujetadores más extravagantes cono tetillas masculinas que se escapaban de las camisas cortadas por todas partes que llevaban los tíos. Además, había dos tías disfrazadas de yonki, con sus respectivos cartelitos pedigüeños: "ya no me meto, darme para pipas" y "mi camello me ha dejado, busco caballo".
A eso de las 5 am Nava, la Barreiro y yo decidimos irnos, aunque la fiesta aún seguía en el local este, pero queríamos pasarnos por la fiesta de disfraces del Chami, que oye mira, ya que íbamos con esas pintejas, había que aprovecharlas un poco más. Así que sobre las 5.30 estábamos en la puerta del Chami intentando colarnos... y lo conseguimos. En definitiva, fue una noche cojonuda. ¡ay que síndrome chica!